En el número de Junio de la revista TIME aparece en la portada una rebanada de mantequilla con un título algo provocador debajo: “Eat Butter. Scientists labeled fat the enemy. Why they were wrong (enlace al artículo: http://time.com/2863227/ending-the-war-on-fat/). Traducido al español significa: “Coma mantequilla. Los científicos etiquetaron la grasa como el enemigo. Por qué estaban equivocados”.

El artículo hace un repaso a la historia de la nutrición en los últimos 30 años donde se ha demonizado a la grasa y se ha etiquetado como la culpable del aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares (infarto de corazón y derrame cerebral), obesidad o diabetes. Efectivamente, el mensaje lanzado por las principales autoridades sanitarias de todo el mundo es que para reducir el riesgo de las enfermedades mencionadas anteriormente (conocidas como enfermedades de la civilización) había que reducir el consumo de grasa, especialmente la grasa saturada (grasa de origen animal) a menos del 30% de la energía diaria, y aumentar el consumo de hidratos de carbono derivados de cereales integrales principalmente, frutas y verduras. Cabe destacar que esta misma revista hace exactamente 30 años (Junio de 1984) ayudó a promover este mensaje con una portada donde aparecían dos huevos fritos y un trozo de beicon en un plato representando a una cara triste. Pero después de tres décadas, nuevos estudios de intervención han puesto en duda las recomendaciones dietéticas tradicionales, e incluso sugieren que han contribuido a aumentar el riesgo de las enfermedades de la civilización. En un estudio de intervención donde se incluyeron a más de 48.000 mujeres postmenopáusicas y fueron seguidas durante 8 años, los resultados demostraron que una dieta baja en grasa y rica en hidratos de carbono no fue efectiva en reducir el riesgo cardiovascular o cáncer colorrectal (1,2). Además, una reciente revisión sistemática (resumen amplio de muchos estudios sobre un tema específico) publicada en una revista científica concluyó que no existe suficiente evidencia para apoyar la recomendación de disminuir el consumo de grasa saturada (grasa animal) y aumentar el consumo de grasas vegetales en las enfermedades para reducir el riesgo de enfermedad coronaria (arterias del corazón) (3). Volviendo al artículo de la revista TIME los autores sugieren que probablemente se cometiera un error al hacer recomendaciones a la población general con la información que existía en la época. El hecho de evitar la grasa tiene como consecuencia aumentar el consumo de productos ricos en hidratos de carbono como el pan, pasta, arroz, cereales de desayuno, que pueden contribuir a aumentar el riesgo cardiovascular.

Como información adicional, y para aclarar esta información, algunas recomendaciones dietéticas tradicionales están basadas en estudios de observación (y no de intervención) donde hay otros factores que influyen en los resultados (como el tabaco, ejercicio, peso corporal, y otros factores dietéticos asociados como comer fruta, verduras, procesados, etc.), y por tanto, no podemos establecer causa-efecto, como bien explica este artículo de Maki y colegas (4). Es decir, si un estudio de observación concluye que hay una relación directa entre consumo de carne roja y riesgo cardiovascular no podemos decir con certeza que la causa sea la carne roja, porque a lo mejor los individuos que comen carne roja también fuman, beben alcohol y no hacen ejercicio. Otro aspecto importante que destacan los autores del artículo de TIME, es que ahora es muy difícil dar marcha atrás porque el mensaje está muy arraigado en la sociedad, y lo que es peor, las autoridades sanitarias siguen dando el mismo mensaje y la industria alimentaria ha montado un sistema de producción y marketing destinado a productos bajos en grasa o grasa vegetal.

Nuestra opinión:

La recomendación tradicional de reducir la grasa de la dieta (especialmente la grasa saturada) y aumentar el consumo de hidratos de carbono, ha llevado a la población a aumentar el consumo de alimentos procesados (hechos con harinas refinadas como pan, pastas, arroz blanco, cereales de desayuno) que pueden ser peores que las grasas. No obstante, ahora que ha salido este artículo en TIME, no hay que cometer el mismo error de nuevo y pensar que podemos comer toda la mantequilla y grasa que queramos. Lo ideal, en base a los estudios que tenemos actualmente, es una dieta rica en frutas, verduras, tubérculos (patatas, batatas, yuca, etc.), carnes magras (sin grasa), pescados, huevos, aceite de oliva y frutos secos. Las legumbres bien cocinadas (puestas en remojo y cocidas en olla a presión) pueden ser una opción saludable.

 

Referencias

  1. Howard BV, Van Horn L, Hsia J, Manson JE, Stefanick ML, Wassertheil-Smoller S, et al. Low-fat dietary pattern and risk of cardiovascular disease: the Women’s Health Initiative Randomized Controlled Dietary Modification Trial. JAMA: The Journal of the American Medical Association. 2006 Feb 8;295(6):655–66.
  2. Beresford SAA, Johnson KC, Ritenbaugh C, Lasser NL, Snetselaar LG, Black HR, et al. Low-fat dietary pattern and risk of colorectal cancer: the Women’s Health Initiative Randomized Controlled Dietary Modification Trial. JAMA: The Journal of the American Medical Association. 2006 Feb 8;295(6):643–54.
  3. Chowdhury R, Warnakula S, Kunutsor S, Crowe F, Ward HA, Johnson L, et al. Association of dietary, circulating, and supplement fatty acids with coronary risk: a systematic review and meta-analysis. Ann Intern Med. 2014 Mar 18;160(6):398–406.
  4. Maki KC, Slavin JL, Rains TM, Kris-Etherton PM. Limitations of observational evidence: implications for evidence-based dietary recommendations. Adv Nutr. 2014;5(1):7–15.