La incoherencia entre factores ambientales y nuestro genoma puede ser un factor en el desarrollo de las enfermedades más comunes hoy en día (diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, o enfermedades autoinmunes entre otras). Habitualmente, las patologías musculoesqueléticas y el dolor crónico también forman parte de ese grupo de enfermedades muy comunes hoy en día a las que algunos factores ambientales también podrían afectar.

Respecto al ambiente, son muchos los factores que influyen sobre nuestro genoma, y como consecuencia, alteran la susceptibilidad a padecer estas enfermedades1. Algunos factores conocidos son la alteración de la dieta, el estrés crónico, la falta de exposición solar, la alteración del ritmo del sueño, el exceso de contaminación o la falta de ejercicio físico. Dentro de la nutrición están el desequilibrio entre ácidos grasos, las grasas trans, el déficit de micronutrientes, la carga glucémica, los antinutrientes, los productos avanzados de la glicación, el equilibrio ácido/base o el exceso de sal1.

Desde Econutracell queremos informarles de la influencia de la vitamina D y el desequilibrio de los ácidos omega-3 en las enfermedades arriba mencionadas, y especialmente en las enfermedades reumáticas e inflamatorias crónicas.

Por ello, aconsejamos el uso de estos dos nutrientes (si fuera necesario) en la prevención y tratamiento de enfermedades crónicas.

 

Aspectos relevantes de la vitamina D y las enfermedades reumáticas e inflamatorias:

  • La incoherencia entre genes y ambiente es uno de los causantes del dolor crónico
  • La principal fuente de vitamina D es la producción en la piel por acción de los rayos UVB2,3
  • En la actualidad el déficit de vitamina D es una epidemia a pesar de haberse disminuido mucho la prevalencia del raquitismo2
  • La vitamina D tiene funciones que van más allá del efecto calcémico (optimizar la absorción de calcio en el intestino)2
  • La mayoría de células de nuestro organismo tienen receptores para vitamina D, entre ellas las células del sistema inmunológico4
  • Los niveles considerados como normales pueden ser insuficientes según las últimas investigaciones5
  • La pigmentación de la piel (ser de piel blanca o negra) influye en la producción de vitamina D6
  • Los protectores solares con factor 8 disminuyen la producción de vitamina D en un 95%6
  • La edad y la obesidad también dificultan tener niveles normales de vitamina D en sangre6
  • Incluso en las islas canarias, región situada a 27º latitud norte, existe una prevalencia elevada de déficit de vitamina D en algunos grupos de población según un reciente estudio7
  • Una de las consecuencias del déficit de vitamina D es la osteomalacia y el dolor musculoesquelético3
  • Los glucocorticoides alteran el metabolismo de la vitamina D3
  • En pacientes con déficit de vitamina D hay una prevalencia alta de dolor musculoesquelético que se puede mejorar dando vitamina D, sobre todo en aquellos con menores niveles de vitamina D8
  • La inflamación está mediada por derivados de ácidos grasos omega-6 y omega-3 de cadena larga9
  • Nuestro cuerpo apenas puede producir esos ácidos grasos omega-6 y omega-3 de cadena larga, por lo que nuestra nutrición influye mucho sobre los procesos inflamatorios10
  • No es lo mismo antiinflamación que resolución11
  • La resolución es la vuelta a la homeostasis y es un proceso activo11
  • Las grasas ácido araquidónico, EPA y DHA producen sustancias que frenan la entrada de neutrófilos y favorecen su eliminación vía linfática y así se devuelve el tejido a la homeostasis12
  • En la actualidad se consume un exceso de ácido linoléico derivado de aceites vegetales (girasol, maíz o soja) omega-6 que alteran el equilibrio de ácidos grasos13
  • Nuestros genes están adaptados a niveles mucho mayores de omega-3 de cadena larga (EPA y DHA) y mucho menos ácido linoléico10
  • Los veganos tienen déficit de DHA14
  • El uso de aceite omega-3 es efectivo en el tratamiento de la artritis reumatoide según un metaanálisis de 17 estudios de intervención controlados con humanos15
  • El uso de AINES retrasas la hipertrofia y cicatrización muscular16

 

En Econutracell disponemos de dos productos diseñados específicamente para la prevención y el tratamiento del déficit de vitamina D y el desquilibrio de omega-3.

La vitamina D de Swanson aporta 1.000 UI por cápsula. Debido a la alta concentración de vitamina D por cápsula, y que en muchas ocasiones la dosis terapéutica está en torno a 2.000-4.000 UI al día, con este producto es fácil cubrir las necesidades tomando pocas cápsulas.

En cuanto al omega-3, disponemos del producto Pure Fish Oil de Gold Nutrition, un suplemento con una relación calidad-precio muy adecuada para tratamientos a largo plazo.

 

Advertencia: En ningún momento la información aportada en este artículo pretende sustituir las recomendaciones de su médico o nutricionista. Si padece alguna enfermedad o quiere hacer cambios en su dieta consulte a su médico o nutricionista.

 

Referencias

1. Carrera-Bastos P, Fontes-Villalba M, O’Keefe J, Lindeberg S, Cordain L. The western diet and lifestyle and diseases of civilization. RRCC. 2011;2:15–35.

2. Holick MF. Vitamin D deficiency. N. Engl. J. Med. 2007;357(3):266–281.

3. Holick MF. Vitamin D deficiency: what a pain it is. Mayo Clin. Proc. 2003;78(12):1457–1459.

4. Mora JR, Iwata M, Andrian von UH. Vitamin effects on the immune system: vitamins A and D take centre stage. Nat Rev Immunol. 2008;8(9):685–698.

5. Vieth R. What is the optimal vitamin D status for health? Progress in Biophysics and Molecular Biology. 2006;92(1):26–32.

6. Holick MF. Vitamin D: importance in the prevention of cancers, type 1 diabetes, heart disease, and osteoporosis. Am. J. Clin. Nutr. 2004;79(3):362–371.

7. González-Padilla E, Soria López A, González-Rodríguez E, et al. High prevalence of hypovitaminosis D in medical students in Gran Canaria, Canary Islands (Spain). Endocrinol Nutr. 2011;58(6):267–273.

8. Faraj Al S, Mutairi Al K. Vitamin D deficiency and chronic low back pain in Saudi Arabia. Spine. 2003;28(2):177–179.

9. Schwab JM, Serhan CN. Lipoxins and new lipid mediators in the resolution of inflammation. Curr Opin Pharmacol. 2006;6(4):414–420.

10. Kuipers RS, Luxwolda MF, Dijck-Brouwer DAJ, et al. Estimated macronutrient and fatty acid intakes from an East African Paleolithic diet. Br J Nutr. 2010;104(11):1666–1687.

11. Serhan CN. Resolution phase of inflammation: novel endogenous anti-inflammatory and proresolving lipid mediators and pathways. Annu. Rev. Immunol. 2007;25:101–137.

12. Serhan CN, Chiang N, Van Dyke TE. Resolving inflammation: dual anti-inflammatory and pro-resolution lipid mediators. Nat Rev Immunol. 2008;8(5):349–361.

13. Blasbalg TL, Hibbeln JR, Ramsden CE, Majchrzak SF, Rawlings RR. Changes in consumption of omega-3 and omega-6 fatty acids in the United States during the 20th century. American Journal of Clinical Nutrition. 2011.

14. Fokkema M. Assessment of essential fatty acid and ?3-fatty acid status by measurement of erythrocyte 20:3?9 (Mead acid), 22:5?6/20:4?6 and 22:5?6/22:6?3. Prostaglandins, Leukotrienes and Essential Fatty Acids. 2002;67(5):345–356.

15. Goldberg RJ, Katz J. A meta-analysis of the analgesic effects of omega-3 polyunsaturated fatty acid supplementation for inflammatory joint pain. Pain. 2007;129(1-2):210–223.

16. Mikkelsen UR, Langberg H, Helmark IC, et al. Local NSAID infusion inhibits satellite cell proliferation in human skeletal muscle after eccentric exercise. Journal of Applied Physiology. 2009;107(5):1600–1611.