A pesar de todos los beneficios conocidos del café, incluso de mejorar el rendimiento deportivo, tomarlo después del entrenamiento puede ser mala idea.

¡Veamos lo que sucede!
La ingesta de cafeína provoca un aumento de la adrenalina y cortisol, hormonas producidas por las glándulas adrenales para hacer frente a una situación de estrés. Esto sucede porque la cafeína, por asemejarse a la adenosina, ocupa sus recetores, llevando a una acumulación de esta en el cerebro. Siendo la adenosina un neuromodulador con un papel en la promoción del sueño, es fácil percibir porque el café nos da un gran estímulo.

¿Y en el ejercicio?
El cortisol es una hormona estimuladora, que nos prepara para una situación de “fight or flight”, es decir un mecanismo protector que nos prepara para “luchar o huir”. Esto puede ser particularmente interesante en un contexto pre-entrenamiento, pero siendo también una hormona catabólica el caso cambia de figura, cuando queremos promover la recuperación.
Durante el entrenamiento, los niveles de cortisol aumentan y el consumo de cafeína en este momento va a potenciar aún más sus efectos, cuando pretendemos justamente reducir este estado catabólico y comenzar la recuperación para construir músculo!

Es decir, no debes tomar café después del entrenamiento.

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